MI EXPERIENCIA CONEXIÓN VS. DESCONEXIÓN

El día 14 de este mismo mes, junto con compañeros de la Universidad, me he ido de viaje, hemos ido a Estambul. Volvimos el lunes de esta semana, por suerte no hemos tomado con las revueltas por el atentado en la frontera con Siria ni las manifestaciones en el centro de Estambul.

Durante el viaje, los momentos de conexión han sido con cuentagotas porque salíamos del apartamento pronto y llegábamos tarde, aunque en el restaurante del que hemos hecho nuestra segunda casa allí, teníamos Wiffi. Todos los días me he puesto en contacto con mi familia y amigos, pero la oleada de WhatsApp era en un momento puntual del día y siempre y cuando yo activase el Wiffi. Hablar con ellos y contarles mis experiencias, que había conocido y visitado en el día… era emocionante, pero después de las líneas de cortesía solía dejar el móvil aparcado en mi mochila de nuevo. He disfrutado de la desconexión, lo he disfrutado mucho, y la libertad que me ha dado ha sido maravillosa. También puede ser debido a que no hemos sufrido ningún percance tanto en Estambul como mi familia aquí, sino posiblemente esa desconexión semipermanente se habría convertido en desesperación.

Cuando nos enteramos del atentado, estábamos en Frankfurt esperando para nuestro siguiente vuelo, y ahí sí que desee un Wiffi, para contarle a mi familia que no nos había repercutido, que estábamos bien, y tan sólo había una mayor seguridad y control en aduanas.

He llegado aquí y, como yo lo llamo, tengo depresión post-Estambul y es que echo de menos esa libertad que me daba el no ser una esclava del teléfono. Sé que eso es una elección mía, pero me muevo en un terreno pantanoso porque yo quiero esa libertad, pero la gente de mi alrededor lo toma como un rechazo hacia su persona cuando realmente no rechazo el contacto con ellas, sino el estar disponible las 24h del día tras el WhastApp y los mensajes constantes que ni leo ni contesto.

Creo que aplicaciones cono WhatsApp son realmente útiles, pero esa utilidad no debería de ser y hacer sentir –hacerme sentir- encajada. Entre los jóvenes el WhatsApp es multiusos, desde contarte experiencias importantes, conversaciones banales, fotos y audios que se acumulan en carpetas que no miras… y parece que si sales del WhatsApp eres un rezagado social.

Este es solo el primer capítulo de mi lucha interna en busca del equilibrio entre la conexión y la desconexión. Y esta experiencia, de estar alejada de un Internet constante me ha servido para reforzar más aun lo que no quiero para mí.

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